miércoles, 29 de octubre de 2008

360º de Sangre (PARTE III)


No salí en días del sótano, por miedo y vergüenza.
Al cabo de diez días salí de mi cuarto todos me miraban con desprecio, mi tío estaba con el alma destrozada, mientas sus hijos con el alma llena de odio que al cabo de unos meses o días más se le contagiaríaron a mi tío, lo peor fue que no era un odio por haber perdido a su madre sino odio hacia mi, lo cual me mortificaba mucho, pues tenía miedo hasta de mi propia vida, cada vez que cerraba la puerta para irme a dormir le rogaba a Dios que nadie se acercara y me haga daño, me cambiaron de colegio, al peor de la ciudad y me mandaron a vivir al sótano de por vida, en algún momento pensé en irme o escaparme mas, me era imposible ya que no tenía a nadie a quien recurrir y era menor de edad así que decidí quedarme y aguantar tantas torturas que sufrí desde ese momento.

Mi vida cambió mucho dejé de utilizar buena ropa, comer bien, hasta de bañarme pues solo podía usar la ducha dos días a la semana y muchas cosas que me hacían sentir que había regresado a la época del esclavismo del cual solo conozco por unos cuantos libros pues en mi colegio en el que me enseyaron pero no nos podían enseñar porque los niños llegaban maltratados por sus padres o diversos motivos. Un viernes aún lo recuerdo muy bien, llegaba del colegio, José y Pedro me estaban esperando en la puerta, ellos salían más tarde que yo pero ellos tenían movilidad y yo tenía que caminar, me esperaban con unos palos en los dos brazos de cada uno, me sentí desconcertado, pues no sabía para que querían usarlo, al llegar Pedro de un palazo en la espalda me mandó al piso, y me empezó a dar ordenes y si me rehusaba o hacía mal lo que me mandaban, me daba a palos junto a Pedro, en algunos momentos me dieron ganas de devolverles todos esos palazos pero siempre se me aparecía la cara de mi tía Catalina, y me sentía culpable y trataba de entenderlos, ya que ellos creían que por mi culpa habían perdido a su madre a la cual adoraron con gran fervor, es así como me comía todos esos golpes y los aguantaba.

Fui su esclavo durante mi vida restante junto a ellos, yo los quería pero les guardaba rencor por todo lo que me hicieron y siguen haciendo, en mi cabeza siguen dando vueltas ellos con sus palos, gritos y mandatos que no soporto y dan pie a mi personalidad más amarga y brutal jamás antes visto en una persona terrestre.

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