(Aqui esta la sexta parte la historia de Ignacio Y Mariana, espero no se aburran)
Han pasado dos años de la muerte de Mariana. Ya acabé la universidad, trabajo en el BCRP, estoy ganando un buen dinero que me ayuda a vivir tranquilo, acabo de comprar un departamento en San Isidro y por fin tengo el auto que siempre soñé un Wolkswagen Gol y de color rojo, que me hace recordar tanto al auto de Mariana.
Hace unos días mientras caminaba por Larcomar, veía a la gente pasar, a niños prendiendo sus primeros cigarrillos, a los skaters tratando de hacer trucos nuevos y aspirar algún día ser como Tony Hawk. Fumaba y cada vez que fumaba entre la densidad del humo del cigarrillo, se dibujaba el rostro de Mariana sonriéndome. Me detengo en el Malecón, exploro el mar y el cielo; y vuelvo a sentir la extrañes de no estar al lado de Mariana, pues recuerdo que siempre paseábamos con Mariana por estos lugares acabando después en algún barcito en Barranco o San Isidro. Esta vez estaba solo, sin nadie al costado quien me abrace, quien me hable al oído o simplemente alguien quien escuche mis problemas o algo. Aunque esto me resultaba triste, poco a poco me fui acostumbrando a la soledad que de vez en cuando me aterroriza, pues temo quedarme solo para siempre. Con la amargura de haber perdido a Mariana. A veces cuando despierto, me levanto un golpe duro en el corazón me hace reconocer que Mariana no esta a mi lado. No sueño olvidarla pues es imposible, algunos días sueño en que dejo de estar sola y me libero de esta amargura que me rodea a diario.
Ese día cuando estaba en el malecón admirando la luna, el retumbar de las olas, cautivando la sonrisa de Mariana dibujándose en la densa capa del cigarrillo y las pocas estrellas que nos deja apreciar el parco, oscuro, y lleno de neblina cielo limeño, suena mi celular, era Angello (…)
-¿Dónde estas, cabrón?
-Nada aquí en el malecón, fumando un toque.
-Ya huevón no te muevas, ahí voy.
Angello es uno de mis mejores amigos de la universidad, aunque nunca llevamos un curso juntos, nuestras pensiones de ese entonces estaban cerquísima, y siempre nos quedábamos hasta las 3 o 4 de la mañana, fumando y conversando. Recuerdo que el fue al primero que le comente sobre Mariana, pero solo le dije que me parecía simpática y las pocas veces que había estado con ella la había pasado mostro y el impetuosamente me prometió que aunque yo diga que solo quiero conocerla, el sabe que yo quería algo mas con ella; el me ayudaría, sino la cono percatarse que no la conocía. Él tenía algunos artificios con las mujeres para acercárseles, y ayudo que Mariana se interesara en mí y me deje de ver como un simple amigo más de la universidad.
Y algo que me quedo siempre de él fue que estuvo a mí costado cuando sucedió lo de Mariana, me apoyo y aguanto más de un acto colérico mío, recogiéndome de algunos de bares de mala muerte totalmente borracho, o simplemente acompañándome.
Sin tener nada que hacer ese día con dicho sujeto, subimos a mi auto y enrumbamos hacia uno de los barcitos en Barranco, los cuales solía frecuentar con Mariana tiempo atrás, pero a este lo habían clausurado por admitir a niños revoltosos ansiosos de probar su primer sorbo de cerveza o su primer trago que tengo colores raros y todas esas cosas que llaman a la atención a las niñas de esta era.
Ya que, el bar estaba clausurado, al lado habían abierto un bar medio oscuro y que lo iluminaban luces rojas y moradas en la entrada, era un hueco entreabierto, llamado: “Tifanis”, sin duda el nombre se prestaba para pensamientos retorcidos y algo malévolos, pero lejos de ser un prostíbulo tampoco era un lugar digno y tranquilo, era un lugar bochinchero, con meseras bien parecidas y encorvadas, que te atendían con la mayor amabilidad posible, siempre con una sonrisa de oreja a oreja como si disfrutaran ver a regordetes pidiendo cerveza tras cerveza, y que sus ojos brillen de lujuria al momento que esta joven se da la vuelta para traer dicha cerveza.
Bueno entramos y nos sentamos, estábamos algo intranquilos pues parecía que todos miraron como bichos raros, debe haber sido porque fuimos los únicos en llegar en un auto, nos sentamos y pedimos un par de cervezas.
Mientras Angello servía la espumeante y dorada cerveza, yo estaba observando a mi alrededor, y prestaba atención a los gritos y conversaciones ajenas (….)
A: Oye Nacho, que fue ¿porque andabas solo por el malecón?
I: Nada esta pensando y recordando viejos tiempos.
A: Putamadre, sigue con los mismo, mira brother, lo de Mariana ya fue, puta fue un recuerdo pero ella ya no esta aquí contigo, date la oportunidad con otra chica no sé.
I: El recuerdo de Mariana me impide estar con alguien.
A: Oe cojudo, ¿tu crees que a Mariana le gustaría verte así todo triste y cojudo?
I: Puta no sé Angello (…)
La recomendación de Angello por algo fría e hiriente que pudo ser para mí, eso era algo que me gustaba de las conversaciones que tenía con él, lejos de ser una conversación alturada y conciente, esta era una conversación algo bochinchera pero sincera, y Angello siempre tenía esa sampiencia que dentro de las vulgaridades de su conversación siempre tenía el consejo adecuado a seguir.
Dentro de todas las conversaciones que tuvimos sobre los problemas de su hermana, la chica con la que esta saliendo, la nueva oportunidad de trabajo que tenía, ya habían pasado con una caja de cervezas, el alcohol ya había bajado y necesitaba con urgencia ir al baño.
Al ir al baño me topo con un señorita bien parecida, pelito corto, algo recata, vestía una falda que creo que era una falda a la cintura y un top que no dejaba mucho a la imaginación, esta detrás mío en la cola del baño, pues en este sitio solo había un baño, cuando intento ingresar al baño, ella ingresa conmigo y me acecha alzándose la falda y tocándome la entrepierna, ya algo subido de copas, me desconcierto y cierro los ojos.


