miércoles, 30 de septiembre de 2009

No siempre el tiempo cura heridas

(Aqui esta la sexta parte la historia de Ignacio Y Mariana, espero no se aburran)


Han pasado dos años de la muerte de Mariana. Ya acabé la universidad, trabajo en el BCRP, estoy ganando un buen dinero que me ayuda a vivir tranquilo, acabo de comprar un departamento en San Isidro y por fin tengo el auto que siempre soñé un Wolkswagen Gol y de color rojo, que me hace recordar tanto al auto de Mariana.

Hace unos días mientras caminaba por Larcomar, veía a la gente pasar, a niños prendiendo sus primeros cigarrillos, a los skaters tratando de hacer trucos nuevos y aspirar algún día ser como Tony Hawk. Fumaba y cada vez que fumaba entre la densidad del humo del cigarrillo, se dibujaba el rostro de Mariana sonriéndome. Me detengo en el Malecón, exploro el mar y el cielo; y vuelvo a sentir la extrañes de no estar al lado de Mariana, pues recuerdo que siempre paseábamos con Mariana por estos lugares acabando después en algún barcito en Barranco o San Isidro. Esta vez estaba solo, sin nadie al costado quien me abrace, quien me hable al oído o simplemente alguien quien escuche mis problemas o algo. Aunque esto me resultaba triste, poco a poco me fui acostumbrando a la soledad que de vez en cuando me aterroriza, pues temo quedarme solo para siempre. Con la amargura de haber perdido a Mariana. A veces cuando despierto, me levanto un golpe duro en el corazón me hace reconocer que Mariana no esta a mi lado. No sueño olvidarla pues es imposible, algunos días sueño en que dejo de estar sola y me libero de esta amargura que me rodea a diario.

Ese día cuando estaba en el malecón admirando la luna, el retumbar de las olas, cautivando la sonrisa de Mariana dibujándose en la densa capa del cigarrillo y las pocas estrellas que nos deja apreciar el parco, oscuro, y lleno de neblina cielo limeño, suena mi celular, era Angello (…)
-¿Dónde estas, cabrón?
-Nada aquí en el malecón, fumando un toque.
-Ya huevón no te muevas, ahí voy.

Angello es uno de mis mejores amigos de la universidad, aunque nunca llevamos un curso juntos, nuestras pensiones de ese entonces estaban cerquísima, y siempre nos quedábamos hasta las 3 o 4 de la mañana, fumando y conversando. Recuerdo que el fue al primero que le comente sobre Mariana, pero solo le dije que me parecía simpática y las pocas veces que había estado con ella la había pasado mostro y el impetuosamente me prometió que aunque yo diga que solo quiero conocerla, el sabe que yo quería algo mas con ella; el me ayudaría, sino la cono percatarse que no la conocía. Él tenía algunos artificios con las mujeres para acercárseles, y ayudo que Mariana se interesara en mí y me deje de ver como un simple amigo más de la universidad.
Y algo que me quedo siempre de él fue que estuvo a mí costado cuando sucedió lo de Mariana, me apoyo y aguanto más de un acto colérico mío, recogiéndome de algunos de bares de mala muerte totalmente borracho, o simplemente acompañándome.

Sin tener nada que hacer ese día con dicho sujeto, subimos a mi auto y enrumbamos hacia uno de los barcitos en Barranco, los cuales solía frecuentar con Mariana tiempo atrás, pero a este lo habían clausurado por admitir a niños revoltosos ansiosos de probar su primer sorbo de cerveza o su primer trago que tengo colores raros y todas esas cosas que llaman a la atención a las niñas de esta era.

Ya que, el bar estaba clausurado, al lado habían abierto un bar medio oscuro y que lo iluminaban luces rojas y moradas en la entrada, era un hueco entreabierto, llamado: “Tifanis”, sin duda el nombre se prestaba para pensamientos retorcidos y algo malévolos, pero lejos de ser un prostíbulo tampoco era un lugar digno y tranquilo, era un lugar bochinchero, con meseras bien parecidas y encorvadas, que te atendían con la mayor amabilidad posible, siempre con una sonrisa de oreja a oreja como si disfrutaran ver a regordetes pidiendo cerveza tras cerveza, y que sus ojos brillen de lujuria al momento que esta joven se da la vuelta para traer dicha cerveza.

Bueno entramos y nos sentamos, estábamos algo intranquilos pues parecía que todos miraron como bichos raros, debe haber sido porque fuimos los únicos en llegar en un auto, nos sentamos y pedimos un par de cervezas.

Mientras Angello servía la espumeante y dorada cerveza, yo estaba observando a mi alrededor, y prestaba atención a los gritos y conversaciones ajenas (….)

A: Oye Nacho, que fue ¿porque andabas solo por el malecón?
I: Nada esta pensando y recordando viejos tiempos.
A: Putamadre, sigue con los mismo, mira brother, lo de Mariana ya fue, puta fue un recuerdo pero ella ya no esta aquí contigo, date la oportunidad con otra chica no sé.
I: El recuerdo de Mariana me impide estar con alguien.
A: Oe cojudo, ¿tu crees que a Mariana le gustaría verte así todo triste y cojudo?
I: Puta no sé Angello (…)

La recomendación de Angello por algo fría e hiriente que pudo ser para mí, eso era algo que me gustaba de las conversaciones que tenía con él, lejos de ser una conversación alturada y conciente, esta era una conversación algo bochinchera pero sincera, y Angello siempre tenía esa sampiencia que dentro de las vulgaridades de su conversación siempre tenía el consejo adecuado a seguir.

Dentro de todas las conversaciones que tuvimos sobre los problemas de su hermana, la chica con la que esta saliendo, la nueva oportunidad de trabajo que tenía, ya habían pasado con una caja de cervezas, el alcohol ya había bajado y necesitaba con urgencia ir al baño.

Al ir al baño me topo con un señorita bien parecida, pelito corto, algo recata, vestía una falda que creo que era una falda a la cintura y un top que no dejaba mucho a la imaginación, esta detrás mío en la cola del baño, pues en este sitio solo había un baño, cuando intento ingresar al baño, ella ingresa conmigo y me acecha alzándose la falda y tocándome la entrepierna, ya algo subido de copas, me desconcierto y cierro los ojos.


martes, 15 de septiembre de 2009

Carta a Mariana

Escucho las melodías de la canción Don´t Cry de los Guns and Roses y el recuerdo de Mariana sigue latente en mi corazón, como una estaca, incapaz de escapar y cicatrizar, mientras escucho la canción, recuerdo cuando después de clases venía a mi cuarto y nos tirábamos en la cama, a escuchar música, ver TV o simplemente dormir, hoy estaba tirado en mi cama escuchando música sin ella, su olor poco a poco se estaba yendo, su sonrisa, su estrepitosa voz, el calor de su cuerpo, el cabello rizado con el cual jugaba; jamás podría volver a sentir esto. La hora de su sepelio se acercaba y yo había decidido hablar en su misa, pues nadie de su familia podía hacerlo, así que cogí; una hoja, un lapicero, un cigarro y con mis ojos llorosos me puse a escribir.

“Esta Carta va dirigida a la persona más hermosa, pura y sencilla que eh conocido en mi vida, nos dejaste sin decir un adiós, sin darnos una última sonrisa, Dios decidió llevarte inesperadamente. Es doloroso no tenerte a mi lado, es doloroso tener que aguantar que los minutos pasen sin escuchar tu voz, es doloroso pensar que nunca más te voy a poder sentirte. Todos los presenten te admiraron y quisieron; y se que estaban dispuestos a dar la vida por ti; pero Dios decidió llevarte y calar un profundo hoyo en nuestros corazones que jamás podrá ser llenado con nadie. Siempre tuve la premisa que Dios siempre se lleva a los más buenos primero que a los malos, aunque me parece algo ilógico, pues es de los buenos con los que los malos se alegran, como podré vivir si ahora al levantarme jamás podré ver tus ojos con esa mirada tan pura o que jamás podré revisar mi celular buscando algún texto tuyo que me alegre el día. Ahora todo se hará más difícil sin ti, espero encontrarte en alguna otra vida.
Frente a tu cajón y a todas estas personas, tengo que decirte que jamás amé a nadie como a ti, me duele mucho tu partida, no sé que haré sin ti, las ganas de vivir se han ido con tu sonrisa. Hoy lloro tu partida, espero más adelante encontrarte en cualquier lugar. Descansa en paz Mariana. Junto a ti te llevas parte de mi corazón, siempre te recordaré con Amor. Ignacio”.


Luego de ponerle el punto final, mi corazón estaba acelerado y mis ojos rojos e hinchados, mi cuarto estaba lleno de cenizas y cigarros por todas partes, prendo otro cigarro, me acuesto, miro hacia arriba y digo: “Porque a mí Dios”, pienso y solo puedo pensar en Mariana: las imágenes de su sonrisa, su rostro ensangrentado, cuando se atemorizaba, su olor y la gente gritando. Todo se complicaba, todo se cruzaba y seguía llorando, apago el cigarro, y camino hacia el baño, no sentía ganas ni de caminar, simplemente no tenía la voluntad de hacer nada, todo se había esfumado. Después del baño, me visto, prendo otro cigarro, subo al carro miro al asiento del costado, y mientras el humo se esfumaba logro notar el rostro de Mariana y siento que me dice: “No sufras Nacho tenía que pasar así, siempre acuérdate de mí pues siempre te cuidaré. Te amo”.
Prendo el auto y salgo hacia la iglesia, cuando llegué no tenía ganas de bajar, pero el deseo de verla por última vez, fue mayor a mi dolor y sufrimiento.

Mientras entro por la iglesia, siento que todas las miradas se posaban en mi, el olor a cigarrillo y a sepelio me deprimía, mientras caminaba solo botaba algunas lágrimas, pues trataba de ser fuerte. Me siento al lado de: Angello, Edu y Victor. Ellos me daban apoyo, y me aconsejaban que no hablara, pero llego la hora, y me levanto, cojo el papel entre mis manos y cuando estaba al frente viéndole la cara demacrada, sin su sonrisa y sin poder ver sus ojos, cojo el micrófono, caigo de rodillas y digo llorando: “Putamadre Mariana no te merecías esto”, y salgo corriendo, me alejo de la gente, volteo y caigo poniendo a llorar, por fin pude aceptar que Mariana ya no estaba conmigo.
¿Continuará?

martes, 8 de septiembre de 2009

El primer beso siempre es hermoso

Cierro los ojos y me sumergo en un profundo recuerdo, los cuales vacilaban en el rostro de Mariana, el accidente, la sangre, sus ojos y el temblar de su cuerpo; parecía en otra galaxia, en otro mundo, solo tenía imágenes y los recuerdos que nunca podré olvidar de Mariana.

Recuerdo una vez; salíamos de la universidad, estábamos de la mano; parecía que flotábamos por encima de todos, y que el humo de nuestros cigarrillos nos cobijaba en su espesor y nos permitía tener pisadas tan limpias y seguras, estando ya fuera de la universidad, un pervertido pirañita que caminaba por las afueras de la universidad, tuvo la desvergüenza de gritarle a Mariana: “Amiga que rica estás, porque andas con ese pavazo”, yo escuchando esto, se me revuelve el estómago y la ira que pocas veces tengo, sale incontrolablemente, lanzándome hacia dicho pirañita que media 1.50 metros y pesaba aproximadamente 45 kilogramos, me acuerdo que lo deje casi desfigurado de tanto puños que se estrellaron en su ya, recorrida cara; mis manos ya estaban hinchadas y yo con un físico tan despreciable como un cigarrillo peligrosamente llamado caribe, estaba agotado, y recuerdo que esta piecita de persona, coge una piedra y la estrella contra mi ceja, sale corriendo y a mi me deja totalmente ensangrentado. Cuando me percato Mariana, estaba casi temblando en la esquina, se había quedado en shock, ya que no me caracterizaba por un chico que le guste pelearse, viéndome toda la cara ensangrentada, me lleva corriendo a su casa, para que me cure las heridas. Como olvidar cuando gritaba como niño cuando me colocaba los algodones con alcohol y Mariana con su sonrisa tan exorbitante, se burlaba y carcajeaba de mis delirios de casi una maricona luego de ser golpeada por los policías de turno.

Esta aventura con Mariana lejos de ser algo lindo, lo recuerdo pues fue el día que le dije para que sea mi novia, recuerdo que ya con el ojo parchado y temblando de los nervios conversamos (…)


M: Oye Ignacio, tu si que te arriesgas, pero bueno gracias por defenderme supongo que ahora tendré que llamarte mi héroe.
I: Así parece pues Marianita, jaja…; no sé que me pasó o bueno poco a poco estoy entendiendo que es lo que pasó.
M: ¿Me asustas Nacho que pasó?
I: Nada Mariana, solo que en todo este tiempo de amigos que tenemos, te eh agarrado un cariño muy especial, que ya no es solo el de amigos, y más que tu héroe me gustaría ser tu enamorado.
M: …………… Wau Nacho, me sorprendiste con esto, te cuento un secreto; siempre estuve enamorada de ti, me encantas y claro que me gustaría ser tu enamorada.

Luego de esta pequeña e inolvidable conversación, la tomo de las manos a Mariana, y trayéndola hacia mi pecho, juego con su mentón, y la llevo hacia mis ya fríos labios que fueron calentados por los dulces y tiernos labios de Mariana; mientras uníamos nuestros labios en el más largo y soñado beso, sentía que levitaba y que mi esto sería un paso muy importante en mi vida, aunque no estaba muy consciente de esto, mi instinto de hombre, me hizo sentir que así sería desde aquel Viernes por la tarde, en el cual ose perpetuar sus labios hasta el punto de sentirlos míos y dentro de mi mente.

Ese día luego de salir de su casa, prendí un cigarrillo, y camine por 2 horas, pensando en lo que había pasado, pues aún no lo creía, siempre había querido a Mariana, pero nunca pensé que ella había podido fijarse en mí, luego de que tanto gringuito y pituco ande detrás de ella; aún no puedo recordar como me hice amigo de ella, recuerdo que desde cachimbo, me parecía la chica más simpática de la universidad, de pronto, suena mi celular, era Mariana, diciendo: “Te extraño Nachito, no puedo creer que seamos enamorados, me haces muy feliz. Te quiero mucho”, después de esto pude creer que Mariana era mi enamorada, la chica que tanto me gustó alguna vez estaba conmigo, luego de esto solo esperaba amarla como se lo merecía, cosa que fue un poco difícil no por ella sino por mí.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Bésame por última vez

(Aquí esta la cuarta parte de esta cuentucho, para los pocos seguidores que tengo)
Mientras vibraba mi celular, Camila me imploraba que no conteste pues logró ver en mi celular que se trataba de Mariana y sabía que si contestaba tal vez ya no pase nada, y yo sabía que Camila se moría por continuarla, hizo de todo para evitar que conteste, me acariciaba, trataba de besarme me dijo incluso: “Oye, no le hagas caso, es una niña engreída”, pero aunque me dijo eso, no le hice caso pues un presentimiento algo nostálgico y triste apareció por mi cabeza y conteste el teléfono.

-Aló Mariana, ¿que pasó?
-Aló, no Ignacio soy Fabricio, putamadre brother, hemos tenido un accidente con Mariana, mientras manejaba no se percato y nos chocamos contra un poste de luz, estaba llorando por ti huevón; puta esta mal, ven rápido, que esta llamándote.
-Putamadre, todo es mi culpa mierda, ¿Dónde están?
-Estamos camino a tu casa por Vicus.
-Mierda, ahora voy (…)

Con toda la ira encima y Camila preguntándome que había pasado; le digo a Camila: “Putamadre, ya fue todo; vete a la mierda”; salgo de Queens apresurado queriendo estar en un segundo por Vicus para ver como estaba Mariana, tomo un taxi; sentado en el taxi prendo un cigarro y escucho la canción que tanto le gustaba a Mariana; “You and Me de Lifehouse”, pienso en todos los momentos lindos que pasamos, y pensaba en todo lo que le diría, cuando se recupere, que todo va a cambiar y que será la mujer más feliz del mundo, con esto me di cuenta lo importante que era para mi Mariana, y sabía que la amaba con lo más profundo de mi corazón sintiendo que ella debería ser la madre de mis hijos y mi esposa pues pensaba en pedirle que se case conmigo pero nunca pensé en lo que encontraría en Vicus.

Cuando llego solo habían policías y alboroto, todo era un caos, todos estaban con caras extrañas y algo llorosas, Fabricio estaba temblando de miedo pero no veía a Mariana. Bajo del taxi; y encuentro a Mariana tendida en la pista, agonizando, totalmente ensangrentada y gritando de dolor, me acerco a ella, por mis ojos corrían lágrimas de dolor y culpa; grito Mariana! Putamadre tu no puedes estar así, verla tendida en la pista totalmente ensangrentada y gimiendo de dolor me irritó y me hizo sentir un asesino pues yo era el culpable de que ella este así, la abrazo y la arrullo en mis brazos como antes diciéndole que se tranquilice y que todo pasará (…)

-Putamadre Mariana Por qué te tuvo que pasar esto a ti yo soy el culpable de todo.
-No, Ignacio tu no eres culpable de nada; la cagué debí entenderte, pero es que tu nunca me demostraste que en serio me querías, nunca me decías “Te Amo” ni nada.
-Mariana, por favor discúlpame, no quise cagarla, pero Te Amo más que ah mi vida, por favor no me dejes, no puedo imaginarme la vida sin ti, eres muy importante para mí.
-Ignacio, yo no puedo más, por más que lucho ya no puedo, Solo quería verte para nunca olvidarme de tus ojos, ahora te pido que me beses y me digas que me amas (…)

La tomo de su cabello y la beso, diciéndole:”Te Amo y nunca dejaré de hacerlo, pero por favor no te mueras”, luego de eso Mariana cierra los ojos y con su última voz de despedida me dice: “Nos vemos Nachito, Te amo”, su corazón dejó de latir. Mis ojos se llenaron de lágrimas y grito: “No mierdaaaa, porque putamadre, todo es mi culpa”. Cojo su todavía caliente cuerpo, la cargo y camino con ella por la inhóspita oscuridad de la noche, mientras todos me miran; tratando de llevarla al hospital más cercano, pues no creía que Mariana estaba muerta, caigo de rodillas con ella; y lloro; lloro como jamás lo hice en mi vida. Había perdido a la mujer de mi vida.