Escucho las melodías de la canción Don´t Cry de los Guns and Roses y el recuerdo de Mariana sigue latente en mi corazón, como una estaca, incapaz de escapar y cicatrizar, mientras escucho la canción, recuerdo cuando después de clases venía a mi cuarto y nos tirábamos en la cama, a escuchar música, ver TV o simplemente dormir, hoy estaba tirado en mi cama escuchando música sin ella, su olor poco a poco se estaba yendo, su sonrisa, su estrepitosa voz, el calor de su cuerpo, el cabello rizado con el cual jugaba; jamás podría volver a sentir esto. La hora de su sepelio se acercaba y yo había decidido hablar en su misa, pues nadie de su familia podía hacerlo, así que cogí; una hoja, un lapicero, un cigarro y con mis ojos llorosos me puse a escribir.
“Esta Carta va dirigida a la persona más hermosa, pura y sencilla que eh conocido en mi vida, nos dejaste sin decir un adiós, sin darnos una última sonrisa, Dios decidió llevarte inesperadamente. Es doloroso no tenerte a mi lado, es doloroso tener que aguantar que los minutos pasen sin escuchar tu voz, es doloroso pensar que nunca más te voy a poder sentirte. Todos los presenten te admiraron y quisieron; y se que estaban dispuestos a dar la vida por ti; pero Dios decidió llevarte y calar un profundo hoyo en nuestros corazones que jamás podrá ser llenado con nadie. Siempre tuve la premisa que Dios siempre se lleva a los más buenos primero que a los malos, aunque me parece algo ilógico, pues es de los buenos con los que los malos se alegran, como podré vivir si ahora al levantarme jamás podré ver tus ojos con esa mirada tan pura o que jamás podré revisar mi celular buscando algún texto tuyo que me alegre el día. Ahora todo se hará más difícil sin ti, espero encontrarte en alguna otra vida.
Frente a tu cajón y a todas estas personas, tengo que decirte que jamás amé a nadie como a ti, me duele mucho tu partida, no sé que haré sin ti, las ganas de vivir se han ido con tu sonrisa. Hoy lloro tu partida, espero más adelante encontrarte en cualquier lugar. Descansa en paz Mariana. Junto a ti te llevas parte de mi corazón, siempre te recordaré con Amor. Ignacio”.
Luego de ponerle el punto final, mi corazón estaba acelerado y mis ojos rojos e hinchados, mi cuarto estaba lleno de cenizas y cigarros por todas partes, prendo otro cigarro, me acuesto, miro hacia arriba y digo: “Porque a mí Dios”, pienso y solo puedo pensar en Mariana: las imágenes de su sonrisa, su rostro ensangrentado, cuando se atemorizaba, su olor y la gente gritando. Todo se complicaba, todo se cruzaba y seguía llorando, apago el cigarro, y camino hacia el baño, no sentía ganas ni de caminar, simplemente no tenía la voluntad de hacer nada, todo se había esfumado. Después del baño, me visto, prendo otro cigarro, subo al carro miro al asiento del costado, y mientras el humo se esfumaba logro notar el rostro de Mariana y siento que me dice: “No sufras Nacho tenía que pasar así, siempre acuérdate de mí pues siempre te cuidaré. Te amo”.
Prendo el auto y salgo hacia la iglesia, cuando llegué no tenía ganas de bajar, pero el deseo de verla por última vez, fue mayor a mi dolor y sufrimiento.
Mientras entro por la iglesia, siento que todas las miradas se posaban en mi, el olor a cigarrillo y a sepelio me deprimía, mientras caminaba solo botaba algunas lágrimas, pues trataba de ser fuerte. Me siento al lado de: Angello, Edu y Victor. Ellos me daban apoyo, y me aconsejaban que no hablara, pero llego la hora, y me levanto, cojo el papel entre mis manos y cuando estaba al frente viéndole la cara demacrada, sin su sonrisa y sin poder ver sus ojos, cojo el micrófono, caigo de rodillas y digo llorando: “Putamadre Mariana no te merecías esto”, y salgo corriendo, me alejo de la gente, volteo y caigo poniendo a llorar, por fin pude aceptar que Mariana ya no estaba conmigo.
¿Continuará?
“Esta Carta va dirigida a la persona más hermosa, pura y sencilla que eh conocido en mi vida, nos dejaste sin decir un adiós, sin darnos una última sonrisa, Dios decidió llevarte inesperadamente. Es doloroso no tenerte a mi lado, es doloroso tener que aguantar que los minutos pasen sin escuchar tu voz, es doloroso pensar que nunca más te voy a poder sentirte. Todos los presenten te admiraron y quisieron; y se que estaban dispuestos a dar la vida por ti; pero Dios decidió llevarte y calar un profundo hoyo en nuestros corazones que jamás podrá ser llenado con nadie. Siempre tuve la premisa que Dios siempre se lleva a los más buenos primero que a los malos, aunque me parece algo ilógico, pues es de los buenos con los que los malos se alegran, como podré vivir si ahora al levantarme jamás podré ver tus ojos con esa mirada tan pura o que jamás podré revisar mi celular buscando algún texto tuyo que me alegre el día. Ahora todo se hará más difícil sin ti, espero encontrarte en alguna otra vida.
Frente a tu cajón y a todas estas personas, tengo que decirte que jamás amé a nadie como a ti, me duele mucho tu partida, no sé que haré sin ti, las ganas de vivir se han ido con tu sonrisa. Hoy lloro tu partida, espero más adelante encontrarte en cualquier lugar. Descansa en paz Mariana. Junto a ti te llevas parte de mi corazón, siempre te recordaré con Amor. Ignacio”.
Luego de ponerle el punto final, mi corazón estaba acelerado y mis ojos rojos e hinchados, mi cuarto estaba lleno de cenizas y cigarros por todas partes, prendo otro cigarro, me acuesto, miro hacia arriba y digo: “Porque a mí Dios”, pienso y solo puedo pensar en Mariana: las imágenes de su sonrisa, su rostro ensangrentado, cuando se atemorizaba, su olor y la gente gritando. Todo se complicaba, todo se cruzaba y seguía llorando, apago el cigarro, y camino hacia el baño, no sentía ganas ni de caminar, simplemente no tenía la voluntad de hacer nada, todo se había esfumado. Después del baño, me visto, prendo otro cigarro, subo al carro miro al asiento del costado, y mientras el humo se esfumaba logro notar el rostro de Mariana y siento que me dice: “No sufras Nacho tenía que pasar así, siempre acuérdate de mí pues siempre te cuidaré. Te amo”.
Prendo el auto y salgo hacia la iglesia, cuando llegué no tenía ganas de bajar, pero el deseo de verla por última vez, fue mayor a mi dolor y sufrimiento.
Mientras entro por la iglesia, siento que todas las miradas se posaban en mi, el olor a cigarrillo y a sepelio me deprimía, mientras caminaba solo botaba algunas lágrimas, pues trataba de ser fuerte. Me siento al lado de: Angello, Edu y Victor. Ellos me daban apoyo, y me aconsejaban que no hablara, pero llego la hora, y me levanto, cojo el papel entre mis manos y cuando estaba al frente viéndole la cara demacrada, sin su sonrisa y sin poder ver sus ojos, cojo el micrófono, caigo de rodillas y digo llorando: “Putamadre Mariana no te merecías esto”, y salgo corriendo, me alejo de la gente, volteo y caigo poniendo a llorar, por fin pude aceptar que Mariana ya no estaba conmigo.
¿Continuará?


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