Son las 8 y 45 minutos de la fría noche de un jueves, esta noche se pinta nublada, sin estrellas-típico del cielo limeño-, la bulla de los autos, y el movimiento que hay en todo Lima, esperando con ansías el típico juergues, donde colegas de la chamba u otros, van a sentarse en diferentes barcitos barranquinos luego del trabajo; pero para mí no estaba todo claro y menos tenía ganas de pasar un buen rato y menos tomarme algunos tragos, tenía que aclarar varias dudas sobre la carta que le envió Angello a Mariana, tantas dudas sobre su verdadera amistad, tantas dudas sobre la misma Mariana, y tantas dudas sobre mí al pensar que si algún día le hice daño o traté mal a Mariana, por qué Angello tuvo que decirle tantas barbaridades de mí, si supuestamente éramos amigos, tenía muchas dudas que me rondaban la cabeza y cada vez estaba más cerca de solucionarlas y aclararlas, mientras prendo un cigarro. Rabia, no siento rabia ni cólera por Angello, tal ves algo de incertidumbre, pero ¿Porqué nunca me lo dijo?, si al fin y al cabo éramos amigos.
Ya eran las nueve, me pongo las zapatillas All Star verdes, voy al baño, examino mi cara como si algo me fuera a pasar o tal ves era porque me sentía tan raro con lo que estaba sucediendo que me hacía pensar si en realidad era yo, tiro un poco de agua a mi rostro y a mi cabello, muevo con mis manos el cabello tratando de realizarme un peinado en onda, luego dejo que caiga un poco de loción sobre mis pómulos, me pongo el primer polo que encuentro. Bajo las escaleras de mi departamento mientras iba fumando un cigarro, subo a mi auto y al momento de arrancar vuelco la mirada hacia el balcón de mi departamento, teniendo la sensación como si nunca más lo fuera a ver.
Me dirijo al departamento de Angello, el cual quedaba por el Polideportivo de la de Lima, cruzo el Jockey, y recuerdo cuanto tiempo pasé en el jockey con Mariana, cuando nos íbamos de las aburridas clases de Teología 1, y nos quedábamos conversando mientras tomábamos un café y fumábamos unos cigarrillos, el cual nos hacía sentir todos unos intelectuales rodeados de un olor a tabaco y cafeína, hablando de política, economía o los últimos debates sobre la pastilla del día siguiente; si bien es cierto que a veces hablábamos sobre esos temas, la mayoría de veces, la hacíamos con una sonrisa entre los labios, por los inéditos chistes de Mariana o su torpeza al tomar el café con crema, y yo con una servilleta le limpiaba la crema que se le tornaba en sus hermosos labios.
Recuerdo que fue en este recinto que Mariana de verme fumar, tuvo la curiosidad de probar, y lo hizo con una delicadeza y con tamaña seguridad que parecía una fumadora experta en estos ámbitos, pero sin duda era su primer cigarrillo, pues luego de aspirar tuvo la mala suerte de atorarse durante 5 minutos.
Paro un rato en el jockey, entro y voy en busca de un café para tratar de tranquilizarme, pues me esperaba muchas contradicciones, muchas afirmaciones, tal ves algunos gritos y quien sabe que más podría pasar. “Hey Carlos, dame un café bien cargado y dos de azúcar”.
Luego de pasar por el jockey y recordar tantas cosas de Mariana, cruzo el jockey y exactamente me encontraba a unos 8 minutos de la casa de Angello, estaba ansioso por saber que es lo que me diría ante mi fulminante pregunta, poco a poco se acercaba la hora de la verdad y no sabía si estaba totalmente preparado para recibirla.
Me encuentro parado en el intercomunicador de Angello, estoy raro, como no eh de estarlo. Trato de tocar el timbre, más no puedo, ese miedo que tengo es abrumador a tal punto que no me deja tocar ese maldito timbre, entonces prendo otro cigarrillo, que es la única cosa, que me libera de los miedos y de las preocupaciones; y es así como toco el timbre de Angello, el cual no sé si ahora lo puedo llamar mi amigo (…)
-Ringggggg
- Pasa cabronazo, que tal saco ah!
Mientras tomaba el elevador, con un poco de café y el cigarrillo entre mis dedos, camino, mis piernas estaban temblando, mi vida pronto podría cambiar, o no sé; tal ves mejoraría, putamadre esta incertidumbre me esta matando (…)
I: ¿Como Estás Angello?
A: Bien Nacho, pasa no te quedes parado mirando, esta bien que este desnudo pero no es para tanto.
I: Cabrón, Invítame un vaso con whisky; tengo que hablar contigo.
A: Ya espera, y que sobre que es eso de lo que quieres hablarme, debe ser importante para que me pidas un whisky.
I: Si, es realmente importante
A: Toma, Nacho y ¿dime que ah pasado?
I: Tal ves te parezca raro que te hable de esto, pero ya lo se todo eh leído tu carta y quiero que me digas, ¿porqué mierda no me dijiste que estabas enamorado de Mariana?
A: Putamadre Ignacio, sabe que este tiempo tenía que llegar, el día en el cual me muestre tal y como soy frente a frente, sin reproches. Mientras tu te divertías con Mariana, cuando te paseabas por la universidad con ella, yo guardaba odio, resentimiento, y tu supuestamente mi amigo nunca pudiste notar que estaba totalmente enamorado de Mariana, por eso siempre estuve esperando este día para decirte la verdad, nunca te consideré mi amigo, todos los consejos que te daba, te los decía para ocultarme tras la faceta de un amigo, pero que tarde y temprano se iba a saber la verdad y la ibas a pasar muy mal.
Algo estaba mal, me estaba enfureciendo y no entiendo nada, porque Angello me decía
esto, continuo hablando.
Y quiero decirte que gracias a mí, Mariana murió, si yo malogré los frenos de su carro,
Pensando que tu estarías en el conduciendo, llevándola a su casa y por eso la bolsa de
de aire del conductor no se abrió solo así Mariana podría ser mía.
Y ahora te apareces todavía resentido, y decirme del porqué estaba enamorado de
Mariana y porqué nunca te lo dije, no seas inepto Ignacio.
Me quedé desconcertado, mi “amigo” quería provocar mi muerte y sin embargo mató a Mariana al amor de mi vida, putamadre, que había hecho mal.
Tomo un trago amargo y solo atino a tirarle un puñete a Angello, con el quedo tirado en el suelo rompiendo la última botella de whisky.

PD: Nunca guardes tus sentimientos, lánzate y pierde tus dudas.
